Everest, Sin categoría

Carlos dice adiós al Everest


Una pena despedir a Carlos, con su ilusión y motivación, y después del trabajo de equipamiento en la zona más desagradecida de la montaña. Pero, a veces, hay que escuchar las señales del cuerpo y su sabiduría para darse la vuelta.

Carlos ha estado cuatro noches arriba, dos en el C1 y dos en el C2 al que llegó muy tocado de energías. Su situación empeoró hasta el punto de casi no poder andar. El Everest no perdona y bajar así por la cascada del Khumbu era impensable. Por eso Alex ayer tomó la decisión, tras evaluarle y hablarlo con él, de que había que evacuarlo. Una noche más podría haber sido fatal a esa altitud (6.400 metros) en invierno, y con un grupo tan reducido.
Además, con las condiciones meteorológicas no es fácil que vuele el helicóptero pero, por suerte, ayer fue el único día en el que paró el viento.
El helicóptero llegó con las últimas luces, y lo sacó por los pelos. Menos mal porque hoy sopla muy fuerte otra vez, así que es muy probable que no hubiese podido subir.
Todos estamos tristes por una posibilidad que se queda atrás, esos sueños a mitad de camino. Era una apuesta arriesgada y valiente la de Carlos. También estamos contentos de que esté bien ya en Katmandú y de que haya aportado todo lo que ha podido y más, como es su manera habitual de ser: ¡a tope!
¡Te echaremos de menos! esto no será lo mismo sin ti, pero dejas mucho tuyo en este rincón del mundo. La aventura continua y de algún modo tú nos acompañas.

Nadie mejor que Carlos para contarnos, con su campechana naturalidad, cómo se siente.
¡Animo amigo, estamos contigo!

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