Everest

¡Estamos en Kathmandú!


Ayer vivimos una jornada emocionante. Pasamos de la convicción de que la expedición se había terminado, a la alegría de saber que aún había esperanza para una nueva oportunidad y que además podríamos tomarnos unas pequeñas “vacaciones forzosas”, por tener que bajar a Kathmandú a solucionar algunos asuntos importantes.
Han sido muchos meses de preparación, sacrificio, esfuerzo… para poder llegar hasta aquí, y Alex está en su mejor momento, por lo que renunciar ahora nos parecía una auténtica tragedia. El equipo de escaladores nepalíes se sentía fuera de combate después del único intento a cumbre llevado a cabo, lo cual es perfectamente comprensible, pero Alex seguía más motivado que nunca desde el minuto uno de pisar el campo base.
Todos hemos aprendido mucho de los pequeños errores de cálculo cometidos, así que una nueva tentativa, si el tiempo lo permite, era un objetivo casi imprescindible para sentirnos realmente satisfechos con todo el trabajo realizado. Muchas veces, para lograr seguir adelante con un proyecto como este, hace falta apoyo de todo tipo, no solo emocional y en este caso tenemos la gran suerte de contar con muchísimos amigos que se han volcado en ayudarnos.
Increíble nuestra vuelta temporal a la civilización. En cuestión de dos horas, en el vuelo en helicóptero más emocionante que hemos vivido nunca; vertiginoso, a ras del suelo, recorriendo a toda velocidad el valle del Kumbhu mientras experimentábamos, en cada collado, la gravedad cero al ejercer nuestro piloto sus habilidades enfilando las bajadas casi en picado. Cambiamos nuestro micro mundo helado del campo base, basado en el frío y en los males habituales de la altitud, por las ajetreadas y cálidas calles de Kathmandú.
El contraste es brutal al volver a la civilización, dormir en un hotel, una ducha caliente, unas sábanas limpias de hotel… Se nos saltan las lágrimas degustando una de las famosas pizzas del restaurante “Fire and Ice” seguida de un brownie de postre. Pasear por las ruidosas y coloridas calles de Thamel, en manga corta, nos parece un regalo caído del cielo, literalmente. Abrir un grifo y que salga agua cliente nos parece todo un lujo, y el cambio de look después de pasar por una peluquería-barbería es sorprendente.
Tras reunirnos con los responsables de la agencia Seven Summit, y con el equipo de Sherpas, todo está ya acordado y en breve os podremos decir cuándo retomamos esta gran aventura. De momento, seguiremos unos días disfrutando de este oasis de lujos mundanos que ahora saboreamos más que nunca, y que seguro nos dará energías renovadas.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *